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RIBEYRO: LAS CIUDADES ME PERTENECEN

RIBEYRO: LAS CIUDADES ME PERTENECEN

JULIO RAMÓN RIBEYRO

«Cuando alguien se entera que he vivido en París casi veinte años me dice siempre que me debe gustar mucho esa ciudad. Y nunca sé qué responderle. No sé en realidad si me gusta Paris, como no sé si me gusta Lima. Lo único que sé es que tanto París como Lima están para mí más allá del gusto. No puedo juzgar a estas ciudades por sus monumentos, su clima, su gente, su ambiente, como sí puedo hacerlo por las que he estado de paso y decir, por ejemplo, que Toledo me gustó pero que Fráncfort no. Es que tanto París como Lima no son para mí objetos de contemplación sino conquistas de mi experiencia. Están dentro de mí, como mis pulmones o mi páncreas, sobre los que no tengo la menor apreciación estética. Sólo puedo decir que me pertenecen.» (Julio Ramón Ribeyro
Prosas apátridas
Editorial: Seix Barral).

Soy escritor

«A veces pienso que la literatura es para mí sólo una coartada de la que me valgo para librarme del proceso de la vida. Lo que yo llamo mis sacrificios (no ser abogado, ni profesor de la universidad, ni político, ni agregado cultural) son tal vez fracasos simulados, imposibilidades. Mi excusa: soy escritor. Mi relativo éxito en este terreno excusa mis torpezas en los otros. Siempre he huido de toda prueba, de toda confrontación, de toda responsabilidad. Menos de la de escribir. Diríase que llevo la vida a mi terreno, allí donde no puede darme ninguna sorpresa. Protegida del mundo, de la gente, solo frente a mi máquina de escribir, sin coerciones ni apremios, sin jueces, ni público, ni ovaciones ni rechiflas, en la arena solitaria de mi página en blanco, procedo a la mise à mort de la vida.» (11 de marzo de 1965, La tentación del fracaso).

«La única manera de continuar en vida es manteniendo templada la cuerda de nuestro espíritu, tenso el arco, apuntando hacia el futuro» JRR

De vuelta al griego Sócrates, Ribeyro se desnuda: «Yo siempre he creído ser un ser escéptico, pero con el tiempo he descubierto que soy también un poco cínico y bastante hedonista». Y acierta: «Todo esfuerzo que hacemos en nuestra vida es querer saber quiénes somos y por qué actuamos de una manera y no de otra. Por eso pienso que la coronación de la sabiduría sería saber quién es uno mismo» (El rumor de la vida)

El último cuento que escribió Ribeyro, fechado el 26 de julio de 1994, es decir, un mes antes de su muerte en Lima, se titula «Surf» y empieza así: «Lo primero que hizo Bernardo cuando se instaló en su nuevo departamento en el sexto y último piso de ese edificio barranquino fue colocar su escritorio cerca de la amplia mampara que daba sobre una pequeña terraza, de modo que a través de sus cristales podía contemplar el mar y gozar en las tardes de las admirables puestas de sol. Ese lugar, apenas estudio más que departamento, era el espacio soñado, buscado y al fin encontrado donde, al bordear la sesentena, pensaba concluir apaciblemente su vida, escribiendo el libro que le era indispensable para que su obra, apreciada por unos pocos pero ignorada por el vulgo, alcanzara el reconocimiento unánime que, a su juicio, merecía».


Liquidación de la novela épica-agraria

En cuadernos hispanoamericanos la apreciación literaria es como sigue:

«Ribeyro escribió tres novelas. En parte, quizá, porque era lo que se esperaba de él. O porque era lo que se esperaba de cualquier escritor hispanoamericano de su época. O tal vez porque era la única contraseña que admitía la comunidad lectora atenta al fenómeno del boom. Crónica de San Gabriel, novela publicada en 1960, fue definida por Washington Delgado como la liquidación de la novela épica agraria. Construida a partir de una estructura aparentemente tradicional (carente de juegos y vaivenes temporales y de otros aparentes artificios), Crónica de San Gabriel está recorrida por notas arcaizantes que remiten deliberadamente a la novela del xix y homenajean a algunos de los autores preferidos de Ribeyro (Chéjov, Maupassant, Poe, Balzac, Cervantes). Es, en suma, una novela erguida sobre la sólida peana constituida por una sucesión de capítulos breves, rotulados mediante un título y concluidos sorpresivamente para reanimar el interés del lector. La modernidad, sin embargo, está en otro sitio, como señaló Loayza: en la meditación sobre el medio social y político, además de su sagaz punto de vista. Aún publicó otras dos novelas: Los geniecillos dominicales (1965), de tema netamente urbano, cuyos personajes discurren por el angosto mundo pequeñoburgués; y Cambio de guardia, que carga las tintas contra la corrupción política. Él mismo, cuando ya había escrito estas novelas, era consciente de los problemas del novelista de su época: mientras las ciencias sociales acaparaban y reivindicaban la transmisión del saber y de lo novedoso, la historia banalizada expropiaba los tesoros del pasado y el periodismo de actualidad, el mero presente. ¿Qué le queda al novelista?, se pregunta en un artículo Ribeyro. Le queda el lenguaje, le queda la fantasía, la libertad de composición; le queda el carácter no inmediatamente utilitario de su quehacer, le queda tal vez la insatisfacción. (.) Violencia, injusticia, quiebra moral y económica, indefensión, el sufrimiento de los peones, la desdicha de los amos, la fatal incomunicación entre clases y razas, entre iguales, el deterioro de la vida, amores decepcionados… Los temas y personajes de la novelística de Ribeyro no se distinguen en realidad de los de sus cuentos, caracterizados estilísticamente por la sobriedad y la cadencia de su prosa, la adjetivación precisa, el ritmo fluido y apretado o la sabia dosificación de los elementos simbólico».

Sobre el Autor

césar cando mendoza

Estudios superiores en pedagogía y filosofía por las universidades públicas de Loja y la Central de Quito, Ecuador; arte digital en la Universidad de las Américas.- Incursiona en la narración pero sobre todo la poesía; sus muestras creativas aparecen regularmente en revistas electrónicas de dentro y fuera del país. Inició: diciembre de 2021

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