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«La condición de negro se mete en mis libros aunque no me lo proponga»

«La condición de negro se mete en mis libros aunque no me lo proponga»

Marcial Gala: el mar es la piel de la novela

A la pregunta con introducción de Nahuel Paz y Carlos Romero: Hay un imaginario sobre Cuba, bastante extendido, vinculado a la idea de lo caribeño, con la playa, el calor, el mar. Y si bien esto es algo que está muy presente, por ejemplo, en tu novela Sentada en su verde limón, y también un poco en Rocanrol, tal vez es algo que se pierde en el resto de tu obra. ¿Coincidís con esta lectura?, Gala (La Habana, 1965), respondió

– Hay algo en esas dos novelas, sobre todo en Sentada en su verde limón, que la hice inmerso en una ciudad que a uno le parece más mar que piedra, como es Cienfuegos, una ciudad muy marinera. Quizás por eso, entonces a uno le parece que el mar está como en una presencia implícita. En Cuba, siempre el mar es algo que choca contra la roca y es lo que crea la música nacional. La melodía cubana es este chocar del mar contra la roca, y quizás en Sentada en su verde limón no lo echaba tan de menos, porque es una novela de 2004. En cambio, en Rocanrol, que aunque la terminé aquí la empecé en Cuba, el mar está menos presente, aunque hay uno de los personajes que es un nadador, pero un nadador de piscina. Si bien también tiene una plantación de marihuana por la que tiene que nadar para ir a sembrarla, ahí el mar es un vehículo, sobre todo. Pero en Llámenme Casandra, que es la primera novela que escribí totalmente en la Argentina, el mar sí es fundamental en la nostalgia de esta chica, de Casandra, que a la vez es Rauli, el soldado cubano. La novela empieza con el personaje mirando el mar, y me doy cuenta de esa nostalgia que uno siente cuando está lejos de él. Además, el mar es olor, es sabor en la boca, al menos en mi caso, que nací en la Habana Vieja, muy cerca del malecón, y después me mudé a una ciudad marinera. Como si fuera poco, todos los deportes que practiqué fueron deportes marineros. Por lo cual el mar es muy importante en mi vida, y yo nunca sospeché que iba a pasar unos cuantos años fuera de él. Aunque es como que lo tengo dentro, y cuando me llega la noche, muchas veces sueño que estoy navegando o que estoy nadando, porque por mucho tiempo todo lo que me pasaba, me pasaba en el mar.

El negro: materia prima y no ser humano

En la entrevista los autores preguntan sobre la nostalgia: Nombraste a la nostalgia y esa puede ser otra forma de pensar tu obra. En Rocanrol, en Llámenme Casandra, ambientadas en el pasado inmediato, y también en La Catedral de los negros, hay algo nostálgico, por ejemplo, en el abandono de la catedral, de su construcción. Hay en tu obra algo así como una alegría triste, ¿ese también puede ser un rasgo propio de la literatura cubana? Y Gala ratifica:

– Debe haber mucho de nostalgia y también de la cuestión de la negritud. Siempre se ha dicho que el negro, cuando está alegre, llora, y cuando está triste, ríe. Una especie de dicotomía, y un país como Cuba, que aspiró a tanto y obtuvo tan poco, no por un determinado fracaso de estos últimos años, sino siempre. Uno de nuestros grandes escritores, Lezama Lima, decía que Cuba tenía sus catedrales en el futuro. O sea que, como quedó al margen de las grandes catedrales del barroco, no tenía esa arquitectura de la que enorgullecerse, que en cambio iba a estar en el futuro. Entonces, en la misma construcción nacional del país cubano hay una tristeza. Fue el último país que se libró de la esclavitud y fue el último también en obtener la independencia de España. Era como si siempre llegara tarde a alguna parte. Pero fue el primer país en tener muchas otras cosas después de que se hizo la revolución, y un poco antes también, con la Constitución del 40, que fue la más adelantada de América. Sin embargo, ahora todo este proceso de discusión de nuevas masculinidades, de nuevas maneras de entender la democracia, que está tan presente en América Latina, en Cuba está un poco retrasado. Te das cuenta de que, por ejemplo, expresiones sociales y culturales, como el Movimiento San Isidro, que está ocurriendo ahora, están muy condenadas por el gobierno cubano. Y esos tipos de movimientos, para bien y para mal, florecen mucho acá. A mí, que soy cubano, pero que también me enorgullezco de vivir en la Argentina, me pareció muy placentero ver todo lo que se generó en relación a la legalización del aborto. Eso da cuenta de que las personas son capaces de expresar sus deseos y de luchar por ellos. En Cuba eso es una asignatura muy pendiente, porque todavía el gobierno se opone mucho a los que disienten, y eso hace que hasta en eso estemos atrás de nuevo los cubanos. Entonces, quizás por eso la literatura cubana está teñida por esa sensación de la singularidad, que es a veces mucho más que el hecho de ser una isla. Es la sensación de estar un poco atrás de los movimientos sociales de Latinoamérica, a la que todavía no acabamos de integrarnos. Es lo que Virgilio Piñera, un gran escritor cubano que vivió en la Argentina, llamaba “la maldita circunstancia del agua por todas partes”. Como si no fuera solo el agua del mar lo que nos rodea y nos separa del resto de Latinoamérica, sino también una especie de manera distinta de lo cubano, que es como si siempre llegáramos tarde a todo, a pesar de que por un momento parecía que estábamos llegando más temprano. Es una cosa un poco compleja.

Esa «cosa compleja» de que habla Gala es el Estado. Para el escritor no cuenta la «esencia» del problema. Es un Estado socialista a lo latinoamericano sin copia, un Estado con instituciones populares y con todos los problemas sociales vinculantes. Cuba ha vacunado a casi toda la población con motivo de la pandemia sin recurrir al negocio global, y ha garantizado la vida de la mayor parte de cubanos a pesar del bloqueo de fuera y dentro, esto es, de la Organización Mundial de la Salud y la oposición política monitoreada por la ONGs que no cesan en echar abajo las conquistas sociales y políticas de las últimas 6 décadas.

Motivo de narración literaria debe ser las dificultades del migrante cubano que es discriminado en las embajadas, consulados y agencias de transportes por el hecho de presentar certificados de vacunas que no son parte de la canasta de vacunas, admitidas por la Organización Mundial de la Salud. La plandemia (tiene) sus propios gendarmes para imponer el negocio.

En algunos narradores del día a día, la elección de temas, como que deliberadamente soslayan los problemas fundamentales del ser humano, están condicionados por intereses personales y no universales. A este respecto los problemas del aborto, la libertad de expresión y pensamiento y del racismo son abordados desde perspectivas limitadas y no de los derechos humanos que exigen apuestas globales para disminuir las desigualdades. En Cuba el problema del negro no merece un tratamiento unilateral, al margen de la situación concreta, de un hecho concreto, ligado a la inhumana imposición económica de los gobiernos norteamericanos.

Cuba es una barrio marginal

En una entrevista de Alejandro Langape la prtegunta sobre los grupos sociales marginados en Cuba, ronda de esta manera: “Porque la marginalidad suele ser una caída, un dejarse rodar por la pendiente para caer en ese hoyo que asusta y a la vez atrae”. En esta ocasión la cita está tomada de Cien botellas en una pared, otra de las novelas portelianas. ¿Por qué tantos narradores cubanos, incluyéndote, se sienten atraídos por reflejar en su narrativa ese universo marginal? ¿Cómo explicas esa inversión en que los personajes al margen de la literatura cubana del llamado “Quinquenio de Oro” de los sesenta han pasado a ser centro del corpus narrativo y viceversa? Y Gala gusta de la tangente:

-Es curiosa tu pregunta y es que en Cuba es difícil definir qué es marginal y qué no, porque en realidad, después de la caída del muro de Berlín, en Cuba se perdieron las fronteras entre lo periférico y el centro y todo el país se convirtió en una especie de barrio marginal por lo que esos lugares pasaron a ser como el espejo del que nos habla Stendhal, el espejo en el camino de la realidad cubana, espejo algo distorsionado. Por lo general, en mis novelas lo marginal ocupa un espacio, pero en realidad toda la ciudad funciona como un engranaje al que le das cuerda y de pronto se anima y empieza a andar e incluso esas novelas tratan de abarcar diferentes maneras de ser cubano más allá de los márgenes de lo nacional y de los barrios bajos. Respecto a la experiencia de otros escritores cubanos me cuesta un poco responder porque no me siento con ellos a hablar de estos temas, creo, sin embargo, que lo marginal tiene un colorido de voces, una manera pintoresca de expresarse que sin dudas ofrece mucho atractivo al autor al que le fascine la palabra, además, sin dudas, está la clara cuestión del mercado, hay dos manera de ver lo cubano, una enfocada al mercado interior de Cuba, si es que eso existe, y otra para afuera, para el lector foráneo, pero si solo buscas que te lean fuera de Cuba es difícil que llegues a ese lector extranjero, creo que cada uno tiene sus temas y sus maneras, pero escribir para el muchacho de la esquina y para el profesor que vive a dos puertas de tu casa es algo interesante.

En boca de de Gala, Cuba es «una especie de barrio marginal». Semejante aseveración es una invitación a todos los cubanos para que abandonen la isla, y, el último de los migrantes, apague de una vez por todas la energía eléctrica. Si esto último aconteciera la embajada norteamericana y sus aliados, ovacionarían a rabiar. El novelista sí conoce la realidad de su país pero a su modo, y no necesariamente es la condición del cubano de a pie. No cabe duda que Gala ha escrito su propia novela anticubana, y la difunde por doquier.

 

Sobre el Autor

césar cando mendoza

Estudios superiores en pedagogía y filosofía por las universidades públicas de Loja y la Central de Quito, Ecuador; arte digital en la Universidad de las Américas.- Incursiona en la narración pero sobre todo la poesía; sus muestras creativas aparecen regularmente en revistas electrónicas de dentro y fuera del país. Inició: diciembre de 2021

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