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Eliseo Alberto. O la imposibilidad del olvido

Eliseo Alberto. O la imposibilidad del olvido

La velada en la que se proyectó un fragmento del documental En un rincón del alma, dirigido por Jorge Dalton, el cual incluye las últimas imágenes de Eliseo Alberto (*) antes de fallecer, concluyó con unas palabras del escritor Jorge F. Hernández, a las que dio lectura Julio Trujillo: “Queda prohibido olvidar a Eliseo Alberto y la mejor manera de seguirle la sombra es hacer todo lo posible para que hoy mismo nazca el próximo lector de sus obras. Lichi – como cariñosamente solían nombrarlo-, generaba una rendición absoluta a su obra, una especie de complicidad ganada”.

A cinco años del fallecimiento de Lichi. O mejor: se fue a vivir en otra parte, su hija María José Diego, en presencia de amigos, dijo con aplomo al autor de Informe contra mí mismo: “Aquí estamos papá… Estamos tus lectores, quienes no le permitimos a la memoria olvidarte y seguimos leyendo una y otra vez tus letras, como quien acomete una guerra contra el olvido y nos aferramos a ese piano que alguien toca detrás del horizonte. Están, estamos, tus colegas, quienes parecemos haber confabulado contra el tiempo para que no pase en vano. […] Seguimos citándote, recurriendo a ti cuando el silencio no encuentra cómo hacer ese ruido”.

10 años es nada

Con motivo del día internacional de la poesía El Caimán Barbudo publicó un retazo de las memorias de Josefina (Fefé), hija de Eliseo Diego (1920-1994); en esta ocasión ¡ajá!, revista de culturas, abre sus páginas para compartir con sus lectores unas pocas cuartillas, relacionadas con la vida y obra de Eliseo Alberto que, con Fefé, nacieron en septiembre de 1951, en Arroyo Naranjo, La Habana.

Han transcurrido 10 años de su partida. Es nada para una vida relativamente corta pero extensa de producción cultural donde cupo casi todas las artes, incluso la culinaria. Al decir de Julio Trujillo, de la editorial Alfaguara: “Su relación con la palabra no era caprichosa ni de golpe de inspiración, sino una disciplina diaria. Él tenía una prosa grácil, una escritura amable para ser releída”.

Pero quién este hombre de casi dos metros de estatura, cabello entrecano y manos inmensas, semejante a un niño, que vivió obsesionado de sus ideas, con más fe en ellas que en las cosas. Inmensamente humano, no calló, dijo lo que piensa e hizo lo que pensó.

Con esa prosa grácil, aludida por Trujillo, en algún lugar alzó la voz, sin pelos en la lengua: «La Revolución es algo más que un gobierno, y en el caso particular de Cuba la Revolución es también la gente, el pueblo… Ellos han hecho muchas cosas más allá de sus gobernantes… Yo soy de los que piensan que, ahora, lo que necesita Cuba no es el ejercicio de la apología, sino una concordia, el establecimiento de la paz… En ese sentido, los norteamericanos y muchos de los cubanos que viven afuera se han equivocado al tratar de hacer la guerra a través del bloqueo, el sabotaje, el terrorismo… El único camino, para la Cuba de ahora, es la paz. Tenemos que aprender a vivir en paz. Los cubanos, desde hace cuarenta años, vivimos en guerra. La vida entera de mi generación ha sido la guerra. Y ahora se precisa un nuevo ciclo, un proceso de continuidad y de ruptura. Continuidad con nuestras conquistas y ruptura con nuestro sistema económico e ideológico, que ha demostrado que no sirve para un carajo…» Pero es el sistema económico en cuestión, no todo el proceso de cambio, intervenido directamente por los EE.UU. de N., cosa por demás conocida y dicha a voz en cuello por Fidel. Y sobre la paz, como sostiene el mismo Lichi, el pueblo cubano la construye desde 1959, una paz en vida y no la de los cementerios.

Los exiliados

Lichi opina respecto del exilio, los exiliados y la posibilidad del regreso al ayer: «Aunque quisieran, no pueden. El regreso es imposible. Siempre se va. Uno va y va y va. El regreso es una metáfora, un recurso literario. Y el que quiera regresar al pasado de Cuba, no podrá hacerlo, porque ese pasado no existe más. Eso se acabó… Yo he sido muy crítico con Fidel y con el gobierno de mi país. Yo, además, he recibido numerosas críticas de parte del gobierno cubano, críticas hasta insultantes, pero yo no escribiré nunca nada que le haga daño a Cuba. Antes de eso, mejor me corto la lengua y los brazos… A mí me gusta decir, y estoy dispuesto a demostrarlo, que nadie ama más a Cuba que yo. La pueden amar como yo muchos, millones, no digo que no, pero más no, más no… porque eso es humanamente imposible…» Al respecto cabe el soneto de su autoría:

En el muro del malecón

“Si me obligan, me robaré La Habana.
La romperé, verás, con un martillo.
Traeré de contrabando, en el bolsillo,
la noche, nuestro mar y tu ventana.


«Si me obligan, me robaré el pasado.
Me llevaré mi calle y sus portales,
tu juventud, un verso, las postales
de esa islita que el odio me ha negado.


«Si me obligan, me robaré La Habana
piedra por piedra, amor, pena por pena.
Mi vida rompo, guardo los pedazos.


Escapo antes que sea de mañana.
Me verás dando tumbos por la arena
como quien lleva a su mujer en brazos”

Informe contra mí mismo

No es un ajuste de cuentas contra Cuba. Un Diego no hace daño a la patria que le dio la vida, y escondió la muerte. El Informe es la pasión desbordada por Cuba: testimonio, soliloquio, coloquio, crítica de la crítica crítica, autocrítica, remembranza, nostalgia desafiante. ¿Qué más pedir? Desde el prologo que justifica al Informe hasta la última frase: a la mierda, pasando por los recovecos de la historia, no de las enciclopedias ni las revistas sectarias; las cartas esgrimidas como recurso literario, los personajes de la vida cotidiana, afloran para tejer una prosa que fluye e influye en el lector. Eliseo Alberto hace gala de una memoria bien cultivada. Porque en más de un capítulo, de los 12, el autor no necesita bibliografía de relleno, nada; suficiente la rienda suelta al recuerdo, las vivencias en sus barrio Arroyo Naranjo. O Víbora. Minucioso en los detalles, gusta mirar el bosque, escudriñar las raíces, y tomar de muestra el árbol prototipo que reúne las características del conjunto. Los años 50 con La Habana bulliciosa donde nacer es una fiesta, las apreciaciones del asalto al cuartel Moncada, la prisión fecunda, la amnistía, el retorno desde México con el Granma, la esperanza de los cubanos para enterrar de por vida al dictador Fulgencio Batista, los enfrentamientos con los gobiernos norteamericanos, Bahía de Cochinos, la crisis de los misiles, la dependencia respecto de URSS, la fuga, el exilio, los Mariel. El Informe no es una suerte de cronología aburrida ni una lista de hechos con nombres y apellidos. Es un dechado de enjuiciamiento con veredicto de Cuba.

(*) Eliseo Alberto [de Diego García Marruz]. Nació en Arroyo Naranjo, Cuba, el 10 de septiembre de 1951; muere en la Ciudad de México, el 31 de julio de 2011. Radicó en México desde 1988. Narrador, poeta y guionista. Licenciado en Periodismo por la Universidad de La Habana. Fue profesor en la Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Baños, Cuba; en el Centro de Capacitación Cinematográfica de México y en el Sundance Institute. Jefe de redacción de la gaceta literaria El Caimán Barbudo y subdirector de la revista Cine Cubano. Escribió guiones de cine y televisión. Premio La Edad de Oro por Algo del corazón. Premio Nacional de la Crítica 1983 por La fogata roja. Premio Casa de las Américas por Un instante en cada cosa. Premio Gabino Palma 1997 por Informe contra mí mismo. Premio Internacional Alfaguara de Novela 1998 por Caracol Beach.- “Hace veintitantos años y una noche que dejé de escribir poemas”, dijo Eliseo Alberto, y agregó: “Entonces era un muchacho enamorado que andaba por el barrio de La Víbora con una flor de fuego en cada mano. Fue una puerta que acabé por cerrar a calicanto. De pronto hago letras de boleros para amigos trovadores y timo décimas, de chiste, que leo en los cumpleaños de los míos”. Pero a su regreso de La Habana, en vez de una crónica se sentó a cocinar un potaje de de sonetos, que ahora compartimos con el mismo entusiasmo de cuando leímos en algún lugar.

En Arroyo, frente a “Villa Berta”

Desesperado te busco y no te hallo
en ninguno de nuestros escondites. N
o hagas trampas: por más que tú lo evites
te escucho respirar cuando me callo.

Si sufres, ¡ay!, mi amor, de amor estallo.
No soy menos que tú, sólo más viejo.
Mis manos de tus manos son reflejo.
En tu batalla, a tu lado, hoy batallo.

Estás dentro de mí, ¡de qué me quejo!
No perderte jamás: eso deseo.
Cada noche, con qué ilusión, te llamo.

Mientras vea tu miedo en cada espejo
responderé por ti, niño Eliseo.
Desesperado te busco: yo te amo.

En el cementerio de Colón

Vine a verle, papá. Ya hacía mucho
que deseaba visitarlo, a solas.
Le cuento: ayer vi el mar, deshecho en olas.
Atiéndame, caramba. No lo escucho…

Usted duerme, claro. Todo está oscuro.
Debieran encender esas bombillas…
Mire allá: dos fantasmas con sombrillas
escalan juguetones por el muro.

Okei. Lo espero. Duérmase. Qué cosa.
Mejor le canto una canción de cuna.
Es broma. Ah, y si despierta no se ría

al ver que en su sepulcro hay una rosa.
Lo extraño. Es tarde ya. Salió la luna.
Quería besarlo, ¿no?… Será otro día.

Viendo un viejo álbum con mi hermana

A la infancia, Fefita, se regresa
por un puente de niebla, centenario.
Mamá toma las fotos: Ana y Mario
con sus hijas. Son Lourdes y Teresa.

Tu imagen, mi jimagua, guardo impresa.
Fuiste feliz, al menos un segundo:
“Coño, viejo, viste: se quemó El Mundo”,
dice Mario. Papá golpea la mesa.

La vida es un retablo. La memoria
nos llama. Vamos, Fefé. Cada loco
con su tema. Mario lo dijo al irse:

“no confundan los sueños con la historia”.
La niebla se disuelve poco a poco.
La infancia es mal lugar para morirse.

Por el barrio chino

Huele a semen, de noche, el barrio chino.
Cuatro putas usadas se pasean
por la calle. Dos griegos las desean.
Lleva el chulo camisa azul, de lino.

Una señora grita a su vecino,
de balcón a balcón. Su voz se apaga.
¡Cómo sangra la noche por la llaga
del loco y la borracha y su asesino!

Espías, camajanes, atorrantes
se ofrecen a buen precio como amantes.
“Chinito tú, chinita yo, ¡mi chino!”.

La noche es una vieja puta enferma.
La basura se mezcla con la esperma.
“Si no vino a templar, ¿para qué vino?”.

Calle E, entre 21 y 23, La Habana, Cuba

Me persiguen… ¿Será que me persigo?
Alguien escapa. ¡Atájalo! Lo atajo.
Lo mismo cuestarriba o cuestabajo,
cómplice hoy no seré de mi enemigo.

Me vienen a buscar. ¿Por qué me escondo?
Encenderé la luz. Quito el postigo.
No quiero claudicar. Cuento contigo.
Ábreme el corazón. Sólo en el fondo

de ti me salvo. Ten mi abrazo. Ligo
el que dicen que fui al que pienso he sido.
¿De qué me acusan? No soy miserable

ni fiscal ni abogado ni testigo…
No me arrepiento. Asumo lo vivido.
Sólo de ti quisiera ser culpable.

Un e-mail para mi hermano Rapi

Hoy quiero, Rapi, andar por tu “paisaje”,
la Calle 23, aquellos bares…
¿Por qué regreso siempre a esos lugares
si para entrar me cobran el peaje?

La Habana sigue igual: ¡loca y salvaje!
(perdón: por poco digo rencorosa).
Nada reclamo y ve cómo me acosa la ciudad…
Sólo traje lo que traje:

una hija, cuatro libros, un pasado,
Tú que fuiste un eterno enamorado
y presumes por único equipaje

tu torpe corazón, querido hermano,
dime “todo está bien”. Dame la mano.
Llora conmigo, al regresar del viaje.

En el cuarto de abuela Berta

¿Qué olor me asalta? ¿Acaso el de la abuela
cuando abría las puertas del armario
y entonces un aroma a escapulario
apagaba la llama de la vela?

¿A qué huelen los viejos?… ¿A santuario?
En un roto cuaderno de la escuela
Berta guardaba (un ejemplo) esta esquela:
“De amor, ha muerto ayer, en el acuario,

un travieso delfín llamado Pablo”.
Oía Radio Nacional de Francia
—a pesar de ser sorda: ¡curiosa era!

Sé que mi abuela me escucha si le hablo.

Lo sé cuando respiro esa fragancia

que destilan las cruces de madera

En Santa Fe

Carlos Valera canta. Pichi lanza
piedras contra ese mar, desde su casa.
Elsita me pregunta, ¿qué te pasa?
Sergio, mi primo, entre la niebla avanza.

Wendy dice que tanta calma cansa.
Juan Carlos dora al horno una merluza.
Senel, en paz, la vida desmenuza.
José toca su nueva contradanza…

Camino con Abilio por La Habana,
Olga, Aramís, las niñas y Marcelo
me ofrecen un banquete de esperanza…

Duermo en el viejo cuarto de mi hermana.
Bella Esther va camino de su cielo.
Mi hija me ruega: “Por favor, ¡descansa!”.

Frente al Hotel Riviera

Hoy quisiera ir al bar “El Elegante”
si mi tío Felipe toca el piano.
Brindaré por los muertos: Emiliano,
Eddy, Rolando, Paco —¡tan campante!

Triste, solo, borracho y delirante
los veo pasar detrás de las vidrieras.
Titón entra al cine. Wichi Nogueras
tiene cita de amor —como un diamante

atraviesa el cristal: ¡de aquí a La Nada!
Los muertos son los dioses de la vida.
Hoy quisiera abrazarme a un contrabajo

Pitan los barcos. Ya es de madrugada.
Esa sombra es papá: no anda perdida.
Yo le presto mi cuerpo, ¡qué carajo!

En el jardín, con María José

La patria es ara no pedestal.
José Martí

Hace años presumía: o todo o nada.
Comparaba qué tuve a lo que tengo.
Ya nunca me pregunto, ¿voy o vengo?
¡Ah!. soberbia: bandera abandonada.

El tiempo esgrime su navaja. Cada
paso me anima, del rencor me aleja…
La esperanza jamás se pone vieja.
Hace tiempo, por ti, guardé la espada.

Porque lo pides, abriré la reja
aunque a mi viejo corazón le duele.
Puedo volver. Lo sé. Rompo esa puerta.

“Es por tu bien” —María me aconseja…
El aire del jardín a Cuba huele.
No es ara la patria. La patria es huerta.

Por una calle de El Vedado

Yo pude de tristeza haberme muerto,
¿por qué volví a mi casa? ¡Qué sé yo!
Me habían advertido que en el puerto
sólo flota lo que antes naufragó…

Tantos recuerdos viejos, ¡cómo no!
Pregúntale a mi sombra: fue testigo.
Mi patria no es mi patria, se acabó.
No sé cómo decirlo ni qué digo.

Que el dolor no me impida ser sincero.
Exígeme otra vez que no me calle.
La vieja casa ya no era la que era

y apenas aguacero, el aguacero.
Mi sombra huyó por una bocacalle.
Entiérrala en La Habana cuando muera.

Sobre el Autor

césar cando mendoza

Estudios superiores en pedagogía y filosofía por las universidades públicas de Loja y la Central de Quito, Ecuador; arte digital en la Universidad de las Américas.- Incursiona en la narración pero sobre todo la poesía; sus muestras creativas aparecen regularmente en revistas electrónicas de dentro y fuera del país. Inició: diciembre de 2021

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