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Ecuador: debate

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CARTAS SON CARTAS

MÁS QUE ALTERCADO EL ACONTECIMIENTO SE REFIERE A LA POSICIÓN LIBERAL DE BENJAMÍN CARRIÓN Y EL SOCIALISMO REVOLUCIONARIO DE MANUEL AGUSTÍN AGUIRRE

– Eso de mendigar apoyo de instituciones para provecho propio, fue casi una constante en la vida de Benjamín Carrión. Para muestra un botón: Carrión pidió (exigió) de la Universidad Nacional de Loja el auspicio para participar en calidad de candidato al premio Benito Juárez de México. Al respecto no se trata de criticar los méritos bien ganados de Carrión sino el acto de presión, el palanqueo que disminuye su personalidad. El Dr. Arturo Armijos Ayala es testigo de cargo del presente testimonio. Escuché cuando estudiante de filosofía en la Universidad Nacional de Loja (1967).

CARTA DE MANUEL AGUSTIN AGUIRRE. Revista “Mañana” de Diciembre de 1967.

«Señor doctor donBenjamín Carrión, Presidente de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, miembros de la Junta General y de la Sección de Ciencias Económicas.-Ciudad.- Estimados señores: El día de ayer, en la sesión de la Junta General de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, de la que formo parte en mi calidad de delegado de la Sección de Ciencias Económicas, el Sr. Dr. Agustín Cueva, a nombre de la Sección de Literatura, presentó una moción relacionada con el homenaje oficial ofrecido por los señores Presidente y Vicepresidente de la institución, Dr. Benjamín Carrión y Oswaldo Guayasamín, al Sr. Presidente de la República, Dr. Otto Arosemena Gómez, sin haber consultado a la Junta General, y en la que se propusiera la Embajada en México al Dr. Carrión, refiriéndose, asimismo, al viaje que éste realizara con el fin de obtener del Gobierno del Perú, el voto favorable para que el Sr. Don Galo Plaza Lasso pudiera ser designado Secretario General de la OEA. Considerando que estos hechos habían despertado ya el comentario de los miembros de la Institución y aún del público, y que era un deber de la Junta General estudiar el asunto y formarse un criterio conveniente, presté mi apoyo a la moción presentada por el Dr. Cueva, a fin de que se discutiera, tanto más que provenía de una de las más significativas secciones de nuestro Organismo. Mis razonamientos, serenos y ecuánimes, se limitaron a expresar que, correspondiendo a la Junta General contribuir a la orientación de la política que debía seguir la Casa de la Cultura, y constituyendo el homenaje al Sr. Presidente de la República, un acto de indudable trascendencia, hubiera sido conveniente que se consultara a la Junta General, a fin de que sus miembros hubieran tenido la oportunidad de expresar sus opiniones al respecto, ya que muchas veces se nos convocaba para conocer asuntos de menor o ninguna importancia; tanto más que, como alguien lo dijera, habiéndose criticado acremente la entrega que se hiciera de la Casa de la Cultura a la Dictadura Militar, se volvía necesario mantener una posición que garantizara una plena independencia frente al Ejecutivo, a fin de evitar situaciones que pudieran afectar a la Institución. En lo que se refiere al viaje del Dr. Carrión a Lima, del que yo no tenía antecedentes concretos, consideré que debería ser esclarecido, por lo mismo que estimaba al Dr. Carrión y era su coterráneo, ya que de ser verdadero, cosa que dudaba, me hallaría en disconformidad con un acto que consideraba inconveniente tanto para el prestigio del Dr. Carrión, como el de la Casa de la Cultura, de la cual es su Presidente, ya que no podía deslindarse, como creyeran algunos sino en forma artificial su alta función de máximo dirigente de nuestro Organismo, de aquella otra que desempeñara para el Sr. Presidente de la República. Expresé al Dr. Carrión, que él conocía tanto o mejor que yo lo que significaba la OEA para los países semicoloniales de América Latina, y en cuanto a lo relacionado con el Sr. Plaza, cuya posición de entrega a los EE.UU era conocida, la causa y el hombre no merecían la intervención de una persona que ocupaba la alta calidad de Presidente de la casa de la Cultura. Puede que éstas no fueran exactamente las palabras que pronunciara, pero si la médula de mi pensamiento. Mi sorpresa fue grande, cuando el Sr. Presidente, descompuesto y con inusitada violencia, luego de confirmar con un énfasis digno de mejor causa, la verdad de su viaje a Lima para obtener del Perú el voto para el Sr. Plaza, al mismo tiempo que destacaba su lucha contra la OEA, que decía conocer mejor que nadie, actitudes que se le anotaran como incompatibles; terminó por acusarme abiertamente de tratar de apoderarme de la presidencia de la Casa de la Cultura, lo que constituía no solo una salida de tono, impropia de las circunstancias, sino una falsedad, un despropósito, que rayaba en la injuria y la calumnia, como se lo dijeran distinguidos miembros de la Junta. Como era natural, luego de rechazar, verdaderamente indignado, una imputación tan insólita y absurda, por decir lo menos, y justamente lastimado en mi dignidad, que yo mantengo sobre todas las cosas, presenté mi renuncia irrevocable de delegado ante la Junta General, ya que consideraba y considero imposible trabajar en un ambiente en el que cualquier reparo o disparidad de criterio han de ser interpretados como posiciones de asalto a la Presidencia de la Casa de la Cultura Ecuatoriana. Sólo quien estuviera poseído de esa especie de psicosis que mira en todas partes planes conspirativos, podría imaginarme envuelto en alguna conjura secreta, para derrocar, seguramente entre gallos y medianoche, con bombas homicidas y asesinatos sangrientos, al Sr. Presidente de la Casa de la Cultura y colocarme en su sillón presidencial. El Dr. Carrión puede estar convencido y seguro que nadie, que yo sepa, y menos esta modesta persona, ha pensado jamás en disputarle su merecida posición, que, en cuanto a mi, puede disfrutarla todos los años de su plácida existencia, que sinceramente se la deseo muy larga. Nadie puede negar, que especialmente entre los escritores jóvenes –de cuya Asociación, desgraciadamente, no puedo formar parte y en cuyas decisiones no tengo ninguna participación – existe el justo anhelo de que la llamada “histórica toma de la Casa de la Cultura”, que retornara a la presidencia al Dr. Carrión, no signifique solamente una simple restauración sino una transformación verdadera de sus orientaciones, objetivos y fines, en lo que coincido con ellos; pero de esto no se puede inferir desdorosas ni interesadas maquinaciones, porque ello constituye una actitud que tiene que ser valientemente rechazada por quienes defienden la dignidad e integridad de sus actuaciones personales. En cuanto a mi, es necesario que el Sr. Dr. Carrión sepa, y lo sabe, que cuanto tomo alguna actitud o expongo una opinión, lo hago abiertamente, sin recovecos ni trastiendas, sin odios ni intereses preconcebidos, limpiamente y con la cara al sol; y que he considerado y considero que cualquier miembro de la Casa de la Cultura y mucho más si forma parte de la Junta General, tiene responsabilidades que cumplir en cuanto a la orientación y conducción de la misma, y debe gozar de libertad plena para expresar sus opiniones sin temores reverenciales de ninguna clase, ni el sobresalto de ser calificado como sospechoso, porque de lo contrario aparecería que aún no hemos podido superar los negros tiempos de la Dictadura Militar. Soy el primero en reconocer los méritos del Dr. Carrión en el campo de la cultura, pero eso no quiere decir que siempre ha de tener la razón y el monopolio de la verdad, hasta el punto de que todo lo que haga o diga debe ser indiscutible. Nunca he creído en los intocables, en los infalibles, en los irremplazables, ni acepto las actitudes olímpicas de quienes no admiten sino el lenguaje del sahumerio. Siempre me ha repugnado hablar de mi mismo, pero tengo que afirmar que todos saben que no soy de aquellos que andan tras la búsqueda de situaciones para beneficiarse con ellas. Que jamás en toda mi vida y cualesquiera que fueran las circunstancias, y son difíciles las que he pasado, no he pedido ni directa ni indirectamente nada para mi; que rechacé siempre, desde el fondo de mi ser, como baja e indigna, la duplicidad, el esguince, la zancadilla o la maniobra para alcanzar posiciones o prebendas, porque estoy convencido de que no son las posiciones conseguidas a veces de cualquier manera, las que enaltecen a los hombres, sino su propio valor y dignidad; y cuando tuve que aceptar alguna función, lo hice siempre después de una natural resistencia, y cuando me obligaba un deber ineludible. Nunca traté de ocultar mi conocida posición política, ni comercié con mis ideas o las permuté con Ministerios o Embajadas, como lo hicieran otros. Por ello, resulta tanto más injuriosa, malévola, injusta y calumniosa, como se la calificara en la Junta General, la violenta e irrazonada embestida del Presidente de la Casa de la Cultura, al tratar de imputarme, sin razón ni antecedente alguno, intenciones obscuras, reñidas con mi modo de ser y la conocida integridad de mis procedimientos. Es significativo y explicable, el hecho de que en este sistema en que vivimos, movido por el espíritu de lucro y el diario afán de atrapamiento en esta “carrera de lobos en la que solamente se puede llegar sobre el fracaso de los otros”, haya quienes consideren que en la actitud de los demás, por honesta que sea, existe siempre algo de sospechoso, de obscuro, de torcido, algún real o supuesto interés personal inconfesable, con lo cual no hacen otra cosa que asomarse al espejo de su alma. Contra este sistema y concepción del mundo es contra los que yo lucho, Dr. Carrión, y a ello dedico todos mis esfuerzos, sin que puedan preocuparme las pequeñas cosas, como disputarle a usted sus bien ganadas posiciones. Al condenar, nuevamente, la incalificable actitud del Sr. Presidente de la Casa de la Cultura, en la sesión de ayer, y rechazando indignado su injuria calumniosa, reitero mi renuncia irrevocable de la honrosa delegación que me confiriera la Sección de Ciencias Económicas, que he procurado cumplir, con honradez y dignidad, asi como mi calidad de miembro de la Casa de la Cultura en las Secciones de Ciencias Jurídicas, Sociales, Políticas y de Ciencias Económicas. Al separarme de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, anhelo sinceramente días mejores para dicha institución, y agradezco profundamente a todos sus miembros, funcionarios y empleados, que supieron dispensarme su aprecio y deferencia. Del Sr. Presidente y más miembros, muy atentamente. Manuel Agustín Aguirre. Quito, a 15 de Diciembre de 1967».

Criterio y testimonio de Agustín Cueva Dávila, en su libro “Lecturas y Rupturas”: alguna vez salió en la revista Vistazo una nota sobre este libro. Y, sin conocer nada del tema al que Agustín se refería, el autor de esa nota le criticaba “el gratuito” ataque contra Benjamín Carrión. Aquí está la historia concreta de cómo fue esa gresca con Carrión en la Casa de la Cultura, de la que se habló en Quito toda esa temporada. El se fue a México de embajador. Año y medio después Aguirre fue candidato único al rectorado de la Universidad Central. Del capítulo “Claves para la literatura ecuatoriana de hoy”. “Cuáles fueron los límites del tzantzismo y cómo acabó por desintegrarse finalmente la “constelación” a que nos referimos? Vistas con la distancia de los años transcurridos, las causas de la crisis parecen muy claras y creo que pueden sintetizarse en dos puntos,: los pírricos resultados de la toma de la Casa de la Cultura, y la inmersión de buena parte de los intelectuales de vanguardia en el polpotismo (polpotismo avant la lettre, desde luego).

Con respecto a la Casa de la Cultura, arrebatada a los esbirros de la dictadura en 1966, el problema consistió lisa y llanamente en que nosotros no estábamos en capacidad de asumir la rectoría de dicha institución por carecer de la “seriedad” y solemnidad necesarias para hacerlo. Quedó entonces en manos ajenas, y el resultado fue que nos dividimos a propósito de la decisión de colaborar o no con la Casa, así como del grado y forma de la eventual colaboración. En lo personal recuerdo que ingresé a la sección de literatura, pero mi estancia fue fugaz: renuncié cuando se produjo uno de los clásicos “turncoats” de Benjamín Carrión. Jamás olvidaré las miradas de odio sobre mi, aquel día de Diciembre de 1967, en que Manuel Agustín Aguirre y yo enrostramos al Gran Mandarín: a juzgar por los ojos enardecidos de mis ex coidearios y amigos, pensé que me desollarían vivo. Me di cuenta, entonces, que no habíamos cuestionado a un hombre sino hecho algo mucho peor: destapado la podredumbre política y cultural del país. Y eso no se perdona. Sartreano en aquella época, salí con la sensación de haber experimentado en estómago propio la “nausée”. (Revista “Mañana”. XII 1967).

Una de las consecuencias de ese incidente en la Junta General de la Casa de la Cultura fue este pronunciamiento…:

LA ASOCIACIÓN NACIONAL DE LA ASOCIACION DE ESCRITORES Y ARTISTAS JOVENES DEL ECUADOR DENUNCIA ante la conciencia democrática nacional que el Dr. Manuel Benjamín Carrión, pese a haber sido elegido Presidente de la Casa de la Cultura Ecuatoriana por elementos progresistas, ha traicionado los ideales del movimiento de renovación cultural al ir a solicitar el voto del gobierno peruano a favor del Sr. Galo Plaza Lasso para Secretario de la OEA; y que ahora, para eludir responsabilidades pretende entregar la Casa de la Cultura a un grupo de conocidos oportunistas.

PROTESTA por las injurias de Manuel Benjamín Carrión contra el ilustre maestro de juventudes doctor Manuel Agustín Aguirre, en la sesión de la Junta General de la Casa de la Cultura del día jueves 14 de Diciembre de 1967, así como por los burdos ataques del Presidente de la Casa de la Cultura contra la revista “Mañana” y la Asociación de Escritores y Artistas jóvenes del Ecuador. LLAMA a todos los intelectuales y artistas honestos del país, especialmente a los jóvenes, a sumarse a la lucha que se organiza desde hoy a nivel nacional para impedir que la Casa de la Cultura Ecuatoriana caiga en manos de elementos retardatarios y serviles.

Quito, sesión del día 15 de Diciembre de 1967.Revista “Mañana”. XII 1967. OTRAS RENUNCIAS Quito, 18 de Diciembre de 1967.Señor Dr. Director del Instituto Ecuatoriano de Teatro Casa de la Cultura. Ciudad.-Nosotros, profesores de la Escuela de Arte Dramático, considerando que los hechos últimos de comprometimiento con el gobierno nacional que han ejecutado el Presidente y Vicepresidente de la Institución, significan una bochornosa pérdida de autonomía de la Casa de la Cultura y al mismo tiempo una diversa actitud de la que motivó la reestructuración, determinando que esto afecte también a la idea directriz de la Escuela de Arte Dramático, con la cual nos sentíamos ligados y trabajando por su superación. Presentamos ante Uds. nuestra renuncia irrevocable a las cátedras que impartíamos hasta la fecha. Declaramos, además, nuestro desacuerdo con las palabras injuriosas expresadas por el Presidente Benjamín Carrión y por el Dr. Descalzi contra la idoneidad del Consejo Directivo (en la persona de uno de los miembros) de la Escuela. Por una auténtica cultura, lejana a toda clase de servilismos,J Juan Andrade Heymann. Ulises Estrella. Sócrates Olloa.

Fotos: Benjamín Carrión; M.A. Aguirre PSR.

Sobre el Autor

césar cando mendoza

Estudios superiores en pedagogía y filosofía por las universidades públicas de Loja y la Central de Quito, Ecuador; arte digital en la Universidad de las Américas.- Incursiona en la narración pero sobre todo la poesía; sus muestras creativas aparecen regularmente en revistas electrónicas de dentro y fuera del país. Inició: diciembre de 2021

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