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EL MADURO DE PANURO

EL MADURO DE PANURO

EL MADURO DE PANURO

De pronto despertó con dolor del corazón, un lunes de carnaval.

Panuro intenta una sonrisa, sin éxito. Es su día catorce en el hospital Santa María de la Gracia, de Madrid.

Enfrente el ucraniano, recostado, lee una revista de la segunda guerra mundial.

Panuro frota sus ojos con los nudillos de las manos, organiza las imágenes del sueño, proyectadas en la pared, que le dibujan más de una línea profunda en cada uno de los extremos de la boca. «Si estuviera afuera las cosas serían reales», dice para sí, y enseguida navega por las escenas del sueño que lo despertaron sudoroso en más de una ocasión.Recuerda entonces la ruleta y la gente bulliciosa en las fiestas de setiembre.

La rueda colgada del parante e impulsada por la mano de Panuro, comienza a girar por enésima vez con el beneplácito del público, aglomerado en derredor de la mesa.

– ¡Haga juego, mi pana! – dice como con voz aflautada y acento montuvio; viste una guayabera blanca, gafas de sol, en el cuello una cadena de oro y en la muñeca izquierda un reloj Bulova.Mira la mano de los apostadores que depositan las monedas sobre los filas de números y los iconos.

La pluma de cuero con cabeza de serpiente, roza los cáncamos de la rueda veloz que desorbita los ojos la clientela y los curiosos.

Rotan en las miradas de los jugadores las ilustraciones de los equipos Barcelona y Emelec: Chuchuca en cuclillas, con la camiseta amarilla, Orlandelli: el pie derecho sobre el balón y el uniforme celeste; Daniel Santos fumando, las Dolly Sisters semidesnudas, Julio Jaramillo abrazado de Olimpo Cárdenas y en el centro del hule el bodegón de plátanos maduros con lunares grises.

La rueda disminuye la velocidad, y Maduro resopla.

– ¡No va maaa¡, no va maaa mi panita!

Los apostadores retiran las manos del la mesa, y esperan impacientes.

La dos Petromax derraman la luz sobre las monedas y el rostro de la muchedumbre. Es un espectáculo que a las seis de la tarde llama la atención de los transeuntes, en una de las esquinas del parque Central.

En la pilastra del portal los afiches descoloridos todavía dejan entrever la foto de José María Velasco Ibarra con el sombrero de paja, los lentes y la sonrisa de conejo.

– ¡Salta mijaaa!- grita Panuro, con la diestra en alto; la pluma obediente resbala pausadamente.

– ¡Otra máaas! – grita al unísono la muchedumbre. Pero la pluma tiembla por última vez en la casilla del banano con lunares.

– !Pasa otriiitaaa¡- replica en coro los presente, pero el pedazo de cuero no se mueve, ni la ruleta.

– ¡Gana maduraaazo, el anticanceriiigenooo sin apuestas !– responde Maduro, y acaricia la cadena.

Los de a pie quedan estupefactos. Murmuran.No aceptan la derrota.

Panuro recoge a manos llenas el dinero. Los tahúres maldicen su mala suerte. Abre el baúl, y echa las moneda dentro. Acomoda el cuello de la camisa, y luego sujeta el borde de la rueda, ensaya un breve ademán de atrás hacia delante hasta rotarla sobre el eje; la pluma al contacto con los clavos brillantes, muele un sonido como de castañuelas. Comienza la nueva tanda.

Panuro desparrama la vista por la sala. Mira al ucraniano que ha dejado la cánula nasal en las sábanas, y saluda:

– Veo que es un buen día para ti.

– Si. Es mi última semana aquí.

– Menos mal.

El hombre de la cánula camina de medio lado, y, enfrente de la cama, comparte:

– Volveré a Mariúpul porque presiento que habrá guerra contra los europeos de la unión.

– ¿Cómo sabes? – dice Panuro a tiempo que mueve las piernas en arco.

– Los misiles, el expansionismo estadounidens que intenta apoderarse de Europa, los nazis y la cadena de laboratorios biotecnológicos prohibidos.

El diálogo se interrumpe por la presencia intempestiva de la enfermera. Luego de la toma de los signos vitales que registra en un papel de cuadrículas, mide con los ojos a Panuro.

– Todo está en orden – dice pausadamente la enfermera.

Panuro cierra los ojos, y no responde. Dos horas después el corazón no latió. Fue un fulminante paro cardio respiratorio. El semblante es de un adolescente, diríase que sonríe, como si nada pasara pero esta vez como si pasara siempre.

Sobre el Autor

césar cando mendoza

Estudios superiores en pedagogía y filosofía por las universidades públicas de Loja y la Central de Quito, Ecuador; arte digital en la Universidad de las Américas.- Incursiona en la narración pero sobre todo la poesía; sus muestras creativas aparecen regularmente en revistas electrónicas de dentro y fuera del país. Inició: diciembre de 2021

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